Corvo

Con tan solo 17 km2, Corvo es la isla más pequeña de las Azores. Pertenece, junto a Flores, al grupo occidental del archipiélago, que se sitúa en la placa tectónica norteamericana, al otro lado de la dorsal mesoatlántica. Su altitud máxima es de 718 m (Morro dos Homens), bastante notable para su escasa superficie, lo que convierte a esta isla en una de las que tiene una mayor altitud en relación a su área en el contexto del Atlántico. La zona más llana corresponde a su mitad sur, mientras que el sector septentrional alberga un edificio volcánico de notables dimensiones, la caldera de Caldeirão, que alberga dos lagos muy cercanos y tiene alrededor de 2 km de diámetro, aunque en sentido norte-sur es más ancha que de este a oeste. Además, existen otros tres edificios volcánicos relevantes al sur de esta caldera, que rompen la monotonía del paisaje. En cuanto al litoral, los cantiles costeros de mayor entidad se ubican a lo largo de la costa occidental, donde pueden superar los 400 m de altura, por ejemplo en las paredes exteriores de Caldeirão. La costa oriental es de relieve más suave, y el terreno de menor altitud corresponde a la plataforma meridional, donde se ubica la capital y único núcleo urbano, Vila do Corvo. Esta zona corresponde a un relleno volcánico más reciente, que contrasta con la escarpada orografía del resto del perímetro costero.

Corvo no suele ser afectado por terremotos de importancia, al estar fuera del sistema de fallas transformantes asociado a la dorsal mesoatlántica; sí que inciden de cuando en cuando los ciclones atlánticos, que pueden dejar incomunicada a la isla durante varios días. En la isla se registra una precipitación media anual de 1.055 mm, correspondiendo los valores más altos al mes de febrero y los más bajos a junio, algo muy similar a lo que acontece en el resto del archipiélago. Es de suponer que las lluvias aumentan de forma apreciable conforme se asciende en altitud, pero no hay datos concretos que puedan verificar este fenómeno, aunque sí se ha demostrado en otras islas de Azores. Por otra parte, y siguiendo la tónica general, la insolación aumenta de invierno a verano, alcanzándose el máximo en el período julio-agosto, siendo el valor medio anual de 1.622 horas de sol. La nubosidad, por el contrario, es muy frecuente, un fenómeno muy generalizado en esta ínsula occidental, ligado al factor relieve y a su carácter oceánico, junto a su latitud septentrional. La nubosidad es más alta entre enero y junio, y menos acusada entre julio y septiembre, para volver a subir a partir de octubre. En cuanto a la temperatura, el valor medio anual es de 17,6ºC, con máximos en agosto (22,7ºC) y mínimos en febrero y marzo (14ºC). Además, son frecuentes los vientos fuertes de componente oeste.

Corvo alberga unos 430 habitantes (2011), población que no llega a la mitad de la que existió en 1864, cuando había 1.095 habitantes. El fenómeno de la emigración, que comenzó en el siglo XIX, ha sido el causante de este gran descenso poblacional. También tuvo una gran influencia el auge de la caza de ballenas durante los siglos XVIII y XIX, que hizo que muchos hombres se enrolaran en barcos dedicados a tal actividad.

Debido a su notable aislamiento y a la escasez de infraestructuras turísticas, la economía de esta isla ha dependido y sigue dependiendo en gran medida de actividades tradicionales como la agricultura, la ganadería y la pesca. Así, los productos agrícolas más cultivados han sido el trigo y la batata, relegados a las zonas bajas, que son las más favorables, aunque también se plantan ajos, coles, tomates, judías, maíz, etc. El ganado bovino es actualmente el más importante, aunque hacia 1830 llegó a haber nada menos que 3.000 ovejas pastando en la isla, y también sigue habiendo cabras, cerdos y asnos. La relevancia del ganado vacuno es patente en la exportación de leche y mantequilla a Portugal continental, donde un porcentaje muy relevante de estos productos procede de las islas Azores.

Otra actividad de gran importancia es la pesca, y sobre todo la de profundidad, ya que a poca distancia del litoral de esta isla se alcanzan profundidades notables. Además, llama la atención una ocupación muy curiosa que surgió a partir de la década de 1960: la recolección de algas para su exportación. Hoy en día va teniendo auge el turismo, a pesar de la limitada oferta de alojamiento existente. Se trata de un tipo de visitante ávido de naturaleza, aislamiento y tranquilidad, que ve en Corvo “la última frontera” de Europa y un lugar muy atractivo para pasar unos días de vacaciones lejos del ruido y la masificación.

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