Islas Canarias

El archipiélago canario se encuentra entre las latitudes, 29º 24' 40'' N de la punta Mosegos (en Alegranza) y 27º 38' 16'' N de la punta de los Saltos (en El Hierro); y entre las longitudes l 13º 19' 54'' O de La Baja (en el Roque del Este) y 18º 09' 38'' O del Roque del Guincho (en El Hierro). Está formada por 7 islas mayores (Tenerife, La Palma, La Gomera, El Hierro, Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura) y seis menores (Alegranza, La Graciosa, Montaña Clara, Lobos, Roque del Este y Roque del Oeste). El faro de La Entallada, en Fuerteventura, se encuentra a menos de 100 km de Cabo Juby, en la vecina costa africana. Canarias tiene una superficie de 7.447 km2, y sus costas tienen una longitud total de 1.583 kilómetros. La altura máxima es El Teide, en Tenerife (3.718 m), que es la mayor de la Macaronesia.

Las islas más viejas son las orientales, Lanzarote y Fuerteventura, que emergieron hace 16- 22 millones de años, seguidas por las islas centrales, Gran Canaria, Tenerife y La Gomera, con edades que oscilan entre 8,5 y 14,5 millones de años. La Palma tiene una antigüedad de unos 2 millones de años, mientras que El Hierro es la más joven (1,1 millones de años). En octubre de 2011 se produjo la última erupción volcánica submarina de Canarias, localizada a unos 2,5 km al sur de El Hierro. Las islas orientales, que son las más viejas, están muy erosionadas y presentan grandes llanos formados por materiales del desmantelamiento de antiguos edificios volcánicos. Las islas centrales son muy montañosas, con frecuentes valles y barrancos profundos. En las más occidentales existen centenares de conos volcánicos recientes que evidencian que estas islas aún están en plena construcción.

El clima de Canarias, como el del resto de los  archipiélagos macaronésicos, es básicamente subtropical oceánico, y está influenciado por los vientos alisios y la corriente de El Golfo. Los alisios preceden de latitudes más altas y transportan masas de aire húmedas y frescas, que al chocar con las vertientes de las islas más altas, provocan la formación del llamado “mar de nubes”. Gracias a la corriente de El Golfo, que a su paso por Canarias transporta aguas superficiales frías, las islas se encuentran protegidas de la influencia del Sáhara, el desierto más grande del mundo.

Geológicamente está constituido por una serie de elevaciones volcánicas, independientes entre sí (salvo Lanzarote y Fuerteventura que forman un único bloque insular separado por el estrecho de la Bocaina), que surgen a más de 4.000 m de profundidad. Las islas están asentadas sobre una zona de transición oceánico-continental, sobre la corteza oceánica cuya edad oscila entre los 150-180 Ma (millones de años) y se corresponde con las fases iniciales de la apertura del océano Atlántico. Aparte de las islas emergidas, en su entorno se encuentran varios bancos sumergidos, entre los que destacan los de Concepción y Dacia, al norte de Lanzarote, y Amancay, entre Gran Canaria y Fuerteventura.

El debate sobre el origen de las islas está todavía abierto, pero se puede hablar de tres hipótesis principales, que han aportado diferentes aspectos a la formación del archipiélago. La primera de estas hipótesis fue la del punto caliente, donde un penacho térmico originado en la base del manto terrestre sería la fuente de todos los magmas del archipiélago. Al estar dicho penacho en posición fija con respecto a la placa africana, desplazándose linealmente de W a E, se irían formando un conjunto de islas alineadas con edades decrecientes hacia el W. Sin embargo, esta idea tiene muchos problemas, por lo que han surgido dos hipótesis alternativas: la de la fractura propagante y la de los bloques levantados. La primera establece que el archipiélago surgió sobre la prolongación de una gran fractura ENE-WSW procedente del Sur del Atlas y cuya actividad repetida y propagada de Este a Oeste, generó el magmatismo que daría lugar a las Islas Canarias. La segunda considera que las islas se elevaron a modo de bloques levantados a favor de grandes sistemas de fallas inversas. Últimamente ha surgido una teoría de consenso, donde se han extraído varios aspectos de las tres.

Todas las islas del archipiélago pasan, durante su formación, por unas etapas similares que se reflejan en una serie de grandes unidades volcanoestratigráficas, si bien, el desarrollo de cada una de ellas se produce en tiempos diferentes en las distintas islas y solo son observables en tres de las islas. Estas unidades son: 1) Complejo Basal y 2) Series volcánicas subaéreas. De ellas, los complejos basales solo son visibles en las islas de Fuerteventura (macizo de Betancuria), La Gomera (caldera de Vallehermoso) y La Palma (caldera de Taburiente). Los complejos basales, unidad más antigua de las islas en las que es visible, comenzaron a formarse hace 70 Ma en el fondo oceánico de la futura isla de Fuerteventura, proceso que se extendió a lo largo de 45 Ma hasta sus últimas manifestaciones de hace 25 Ma. En La Gomera, la misma unidad se desarrolló entre los 25 a 19 Ma, y en La Palma, en torno a los 4 Ma. La característica común de los complejos basales es que están constituidos por rocas plutónicas, lavas submarinas, sedimentos y densos enjambres de diques. Las series volcánicas subaéreas se desarrollaron posteriormente sobre los edificios volcánicos submarinos, constituyendo las áreas emergidas de las islas. Esta segunda gran unidad volcanoestratigráfica se desarrolla en varias etapas, comenzando todas ellas por la construcción de volcanes en escudo hace entre 20 y 15 millones años en las islas orientales y 2 Ma en La Palma y El Hierro. Restos de estos volcanes en escudo son las denominadas series basálticas antiguas o basaltos tabulares de la Serie I. Posteriormente, se suceden dos ciclos volcánicos conocidos en la literatura como Serie Intermedia y Serie Reciente, esta última coronada por las erupciones históricas de los últimos 500 años. Desde el punto de vista geoquímico, las rocas volcánicas de Canarias, pertenecen a la serie ígnea alcalina, que está formada por una secuencia de rocas cuya composición evoluciona desde términos indiferenciados, representados por basaltos, hacia términos intermedios, representados por traquibasaltos, y finalmente, hacia términos más diferenciados o evolucionados, representados por traquitas y fonolitas. De forma general, en Canarias existen tres tipos de materiales con comportamientos mecánicos bien diferenciados: (1) los depósitos de lluvia piroclástica, de cínder, ignimbritas no soldadas, oleadas piroclásticas (“surges”), brechas y cineritas en general, (2) coladas basálticas, traquíticas, fonolíticas, ignimbritas soldadas y autobrechas,k y (3) formaciones sedimentarias. Los materiales piroclásticos de tipo cínder (lapilli y escorias) son muy comunes en todas las islas del archipiélago canario y aparecen en forma de conos volcánicos de pequeñas dimensiones. Las ignimbritas no soldadas, aparecen más comúnmente en las islas de Tenerife y Gran Canaria en forma de paquetes de un espesor que puede variar entre 1-5 m. Las coladas basálticas son comunes en todo el archipiélago, solo las islas centrales de Gran Canaria y Tenerife, concentran la mayoría de lavas traquíticas y fonolíticas. Por último, las formaciones sedimentarias aparecen asociadas con intensos procesos erosivos, como en el caso de los potentes depósitos de pie de monte y avalancha extendidos a todo lo largo del litoral del Norte de Anaga, o periodos áridos con intensos vientos, en el caso de los depósitos de arenas eólicas que cubren muchas zonas de Lanzarote y Fuerteventura.

Los fósiles de vertebrados más antiguos que se conocen en las islas son las tortugas terrestres gigantes del Mio-Plioceno y Pleistoceno, y las aves de gran tamaño del escarpe de Famara en Lanzarote, de edad miocena, fósiles que se encuentran en tobas (piroclastos pumíticos) y en calcarenitas (arenas muy consolidadas). Con respecto a las aves de Famara, su adscripción a un grupo determinado es aún causa de controversia, si bien, estudios recientes, indican que los huevos fósiles hallados pertenecen a avestruces. En estos depósitos de Famara también se han hallado restos de serpiente de la familia Boidae, que hasta hace poco eran los únicos fósiles de este grupo. Sin embargo, recientemente se ha hallado un esqueleto axial articulado de otra especie de serpiente en Fuerteventura. Las tortugas, pertenecientes al género Geochelone, son similares a las que viven actualmente en otras islas oceánicas, y llegaron a estar ampliamente distribuidas en el archipiélago canario, hallándose restos en Tenerife (G. burchardi), Gran Canaria (G. vulcanica), Fuerteventura y Lanzarote (Geochelone sp. 1 y sp. 2). El gran tamaño de las tortugas no es el único caso de gigantismo que se da entre la fauna insular. La ausencia de depredadores y la abundancia de recursos alimenticios, son factores que favorecen la tendencia evolutiva hacia el aumento de tamaño en las especies que colonizan espacios insulares.

Los tubos volcánicos actúan como verdaderas trampas naturales, en donde se concentran y preservan los fósiles de reptiles, aves y mamíferos que vivieron en épocas pretéritas, por lo que constituyen una de las principales fuentes de información paleontológica en ecosistemas volcánicos. En ellos se ha encontrado la mayoría de las especies extintas de vertebrados que se conocen en el archipiélago. Es el caso del lagarto gigante Gallotia goliath de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro, de los roedores Canariomys bravoi, de Tenerife, y Malpaisomys insularis, de Fuerteventura, o de varias especies de aves (Puffinus olsoni, Coturnix gomerae, y varias especies de paseriformes). La llegada de especies invasoras, como ratas y gatos, debieron tener efectos drásticos sobre las poblaciones de estas especies, conduciendo a su total desaparición, tanto por la depredación como por la transmisión de enfermedades. A ello habría que sumar  que estas especies fueron una eficaz fuente de proteínas para los primeros pobladores de las islas, como prueba la presencia de sus restos en yacimientos arqueológicos.

Uno de los depósitos sedimentarios terrestres de gran importancia para la investigación paleontológica en Canarias son las dunas, que pueden comportarse como auténticos cementerios de fauna, tanto vertebrada como invertebrada, favoreciendo la conservación de sus restos al ser enterrados rápidamente en un ambiente más o menos árido. Algunas especies fósiles de gasterópodos terrestres nuevos para la ciencia han aparecido en paquetes de arenas consolidadas pertenecientes al periodo Mio-Plioceno, como es el caso de cuatro especies del genero Canariella, en Gran Canaria, y al Pleistoceno, Napaeus lajaensis, en Tenerife. En las formaciones dunares fosilizadas también se encuentran los conocidos “nidos de antofora”, que en realidad pertenecen a diferentes familias de Himenópteros y Coleópteros. Son unas estructuras en forma de dedal y de unos pocos centímetros de tamaño, que representan huellas de actividad de los insectos.

Por último, entre los fósiles terrestres, un grupo muy raro en Canarias son las plantas, ya que la naturaleza volcánica de las islas no favorece su formación. A pesar de ello, en ocasiones aparecen troncos, hojas, frutos y otros restos vegetales entre los materiales volcánicos (Gran Canaria, Tenerife).

En lo que se refiere al registro paleontológico marino, los fósiles más antiguos que se conocen en Canarias se encuentran en los materiales del complejo basal de Fuerteventura, representados por algas fósiles, bivalvos pelágicos, equinodermos y foraminíferos, así como por ejemplares de Partschiceras cf. whiteavesi, un cefalópodo perteneciente al mítico grupo de los ammonites, que dominaron los mares de la era Mesozoica (hace entre 250 y 65 millones de año). En las islas se han encontrado numerosos yacimientos paleontológicos originados por los cambios del nivel del mar (movimientos eustáticos), tanto pliocenos como pleistocenos, las conocidas como playas levantadas. En estos depósitos se encuentran fósiles de moluscos y algas calcáreas, pertenecientes a diferentes especies según las condiciones ambientales predominantes en cada momento. Los yacimientos más antiguos se localizan, generalmente, a bastantes metros sobre el nivel del mar actual, llegando incluso a los 120 m; por el contrario, los yacimientos correspondientes al Cuaternario suelen aparecer 1-4 metros sobre el nivel del mar. 

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