Flores

Flores es, junto con Corvo, la isla más occidental de las Azores, y se encuentra situada, al igual que aquella, en la placa tectónica norteamericana. Su superficie es de 143 km2, mientras que la altitud máxima alcanza los 914 m en Morro Alto y otras cotas destacables son el Pico da Burrinha (886 m) y el Pico do Touro (671 m). Aunque el relieve de la isla es poco accidentado en las zonas interiores, existen algunos cráteres calderiformes y conos de cinder que destacan en el paisaje, varios de los cuales albergan lagos permanentes, como son los de Lagoa Funda, Lagoa Rasa y Lagoa Negra.

El lago de Lagoa Funda es el más grande de la isla; tiene una profundidad máxima de 200 m y un diámetro de 800 m. Una formación geomorfológica muy peculiar y llamativa desde el punto de vista paisajístico es la de Fajã Grande – Fajãzinha, valle abierto al oeste que queda delimitado por un arco interior de riscos de hasta más de 200 m de desnivel, desde los que parte un barranco bien definido (Ribeira Grande), el cual lleva agua durante todo el año y cuenta en su cabecera con un espectacular sistema de cascadas. En cuanto al litoral, los acantilados más importantes se sitúan en la costa norte y oeste, con 250-300 m de altura, mientras que la costa oriental es mucho más suave, caracterizada por rellenos de coladas lávicas recientes y aluviones de materiales, destacando las “islas bajas” o salientes de Santa Cruz das Flores, Lajes das Flores y Ponta da Rocha Alta. En el lado oeste y noroeste también hay algunas “islas bajas”, tales como las de Ponta Delgada y Fajã Grande. Otro hito destacado en el paisaje costero es el islote denominado Ilhéu de Maria Vaz, situado en el noroeste.

Esta isla es sin duda la más húmeda y lluviosa del archipiélago, a lo que contribuye su notable altitud en relación a la superficie, su situación en medio del océano y la latitud en la que se encuentra. Así, la precipitación media anual en zonas bajas es de 1.430 mm, pero en las áreas montañosas se alcanzan valores superiores a los 3.700 mm, e incluso, en un área concreta de su mitad norte, las lluvias llegan al rango de 4.500-4.900 mm. Como es lógico, los días nublados y lluviosos son la tónica habitual en Flores, por lo que el número de horas de sol es muy limitado, restringiéndose en gran medida al verano. Por otro lado, es importante la incidencia de los vientos del oeste, y en ocasiones llegan ciclones que evolucionan desde el Atlántico occidental.

Flores cuenta con una población de 3.800 habitantes (2011), que ocupan las distintas poblaciones situadas dentro de los dos municipios en los que se divide la isla, Santa Cruz das Flores y Lajes das Flores, siendo las más importantes, aparte de la capital (Santa Cruz), las siguientes: Lajes, Ponta Delgada, Fajã Grande, Fazenda das Lajes y Lomba. Resulta llamativa la gran reducción poblacional acontecida en un lapso temporal de 150 años, pues en el pasado llegó a haber más de 10.000 habitantes. Por consiguiente, y al igual que en la cercana isla de Corvo, la emigración ha sido un fenómeno habitual a lo largo de la historia.

La economía de Flores depende en gran medida del sector primario, sobre todo de la ganadería vacuna (leche y sus derivados y carne), y del turismo, así como de la pesca, aunque la importancia de esta última es limitada. La gran belleza del paisaje, junto a su tranquilidad y aislamiento, han supuesto un notable atractivo para no pocos visitantes europeos que buscan el contacto con la naturaleza y la población local. En el pasado se exportaban productos como la hierba pastel, la orchilla y la lana de oveja, y hacia mediados del siglo XVIII la actividad ballenera se hizo un hueco en la isla, empezando en 1860 y alcanzando su culmen a finales de la década de 1930. Llegó a haber dos factorías balleneras, una en Santa Cruz y la otra en Lajes. En cuanto a la agricultura, inicialmente ésta fue de pura supervivencia, con batatas, papas y otros vegetales, que, junto al pescado y el pan, componían la dieta básica de los habitantes. En la actualidad es mucho más importante la ganadería que la agricultura en esta isla, y los pastos se mantienen verdes durante todo el año, debido a las altas precipitaciones.

El nombre de la isla deriva de las numerosas flores amarillas que adornaban los acantilados costeros en la época de su descubrimiento por los portugueses, que fueron Diogo de Teive y su hijo João, alrededor de 1542, lo que supone una fecha mucho más tardía que la de otras ínsulas del archipiélago. En este sentido, Flores y Corvo fueron las últimas en ser descubiertas. El poblamiento inicial fue realizado por colonos procedentes mayoritariamente de Terceira y Madeira. Entre los hechos históricos dignos de reseñar figuran los ataques de piratas y corsarios, tales como los de junio de 1587, a cargo de cinco navíos ingleses que destruyeron la población de Lajes, y 1770, cuando esa misma localidad fue atacada por corsarios americanos. Un hecho curioso es que las carreteras solo comenzaron a mejorar a partir de la década de 1950, ya que antes eran de muy mala calidad o inexistentes, mientras que el aeropuerto y la mejora del puerto vinieron en los años 60 del siglo pasado. Por suerte, Flores se ha librado de los efectos devastadores de los terremotos y las erupciones volcánicas, ya que el último seísmo documentado aconteció en 1793 y no hay volcanismo histórico.

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