Santa Luzia

Santa Luzia, con 35 km2, forma parte del grupo de Barlovento y está actualmente deshabitada, constituyendo la isla de menor tamaño del archipiélago de Cabo Verde. Su altitud máxima es de 395 m (Toponha o Monte Grande), y se encuentra a una distancia de unos 9 km de São Vicente, la isla habitada más próxima. Su geomorfología está caracterizada por algunas playas arenosas muy amplias, así como por importantes sistemas dunares formados por arenas orgánicas eólicas, tanto en el norte como en el sur, mientras que la zona montañosa más escarpada se sitúa en la mitad occidental, donde predomina el sustrato rocoso-pedregoso sobre el arenoso. Los valores de precipitación anual son desconocidos, pero, debido a su carácter semidesértico, deben ser similares a la media de São Vicente.

Esta pequeña isla estuvo habitada por un grupo de una veintena de personas durante el siglo XIX, que se dedicaba principalmente a la pesca y la ganadería, ya que Santa Luzia albergó un cierto número de cabezas de ganado (caprino, ovino y mular), que pastaba libremente en ella y con el que se obtenía, entre otras cosas, queso y lana. En este sentido, la estrategia llevada a cabo en muchas islas del archipiélago fue soltar un buen número de animales antes de proceder al poblamiento, de forma que hubiera un sustento garantizado en las primeras etapas de la colonización. Además, llegó a haber un habitante hasta mediados del siglo XX, que vivía en una de las poquísimas construcciones que existían en pie en aquel entonces. Cabe destacar que desde el punto de vista administrativo esta ínsula pertenece a São Vicente.

A partir de 1990 Santa Luzia, junto con los islotes de Branco y Raso, fue declarada Reserva Natural por ley. Aunque las visitas no han sido reguladas y hay una ausencia total de guardería, no son muchas las personas que se aventuran a pisar esta isla desde São Vicente, salvo algunos pescadores y turistas curiosos que atraviesan el brazo de mar existente entre núcleos como Calhâu, el punto habitado más cercano, y Santa Luzia. De cualquier forma, al parecer se están llevando a cabo viajes casi diarios desde S. Vicente, en algunos casos con fines turísticos. No cabe duda que un incremento no controlado de los visitantes puede producir impactos negativos en esta islita protegida, como de hecho ya está ocurriendo con las basuras, que no solo dejan las mareas en sus costas, sino que a veces son abandonadas por parte de personas que desembarcan en la misma.

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