Tenerife

Con 3.718 m de altitud y 2.058 km2 de superficie, Tenerife es a su vez la isla más alta y de mayor tamaño de la Macaronesia. Presenta una orografía muy escarpada, en particular en los tres macizos antiguos (Anaga, Teno y Adeje) y a lo largo de la costa norte, así como en las cumbres centrales y las medianías del sur; por el contrario, el relieve es mucho más llano en ciertos sectores del norte-noreste (p. ej. en la depresión de La Laguna – Los Rodeos) y en buena parte de la vertiente meridional, así como en el área de Las Cañadas. Posee una red de barrancos muy amplia en la cara sur, y, en menor medida, también en el lado norte, entre los cuales hay algunos con grandes escarpes, como los de Badajoz, Herques, El Río, Tamadaya, del Infierno y Tágara en el sur, o los barrancos Hondo y de Ruiz en el norte. Por otra parte, los cantiles costeros alcanzan altitudes de hasta 300 m en la vertiente septentrional, y de nada menos que 500-600 m en el extremo oeste (acantilados de Los Gigantes). Además, buena parte del paisaje insular está plagado de conos volcánicos recientes, mientras que hay “malpaíses” o campos de lava muy destacados en zonas como Güímar, punta de La Rasca (Arona), Chío (Guía de Isora), etc. Las playas de arena son escasas, aunque hay algunas naturales de gran calidad paisajística, como las de El Médano y La Tejita.

El clima es de tipo mediterráneo, al igual que ocurre en la generalidad de Canarias, existiendo un gran contraste entre los valores pluviométricos y térmicos de las vertientes norte y sur. Así, en ciertas zonas del norte (Aguamansa) y del este (macizo de Anaga) las lluvias anuales pueden superar los 1.000 mm, mientras que en gran parte del sector meridional no sobrepasan los 250 mm. Por otro lado, las temperaturas medias en zonas bajas (p. ej. en el aeropuerto Reina Sofía – Tenerife Sur) no superan por lo general los 25ºC, salvo en veranos muy cálidos, mientras que en sectores altos y húmedos (p. ej. Aguamansa) alcanzan los 20ºC, siendo los valores mínimos, en este caso, de 10ºC. Además, en Izaña, a más de 2.000 m de altitud, las temperaturas bajan por debajo de los 5ºC en invierno, produciéndose a tales cotas heladas y nevadas durante la época invernal y principios de la primavera, de ahí el nombre de Nivaria aplicado por los romanos a esta isla. Es frecuente la formación de un “mar de nubes” en la vertiente norte, favorecido por la incidencia de los vientos alisios del noreste, húmedos y frescos, mientras que por encima de dicha franja nubosa se desarrollan los alisios de componente noroeste o “contra-alisios”, secos y cálidos; este fenómeno se denomina habitualmente inversión térmica y se da también en otras islas con cotas altas, como La Palma. Los alisios del noreste soplan con más fuerza entre principios de la primavera y el verano, mientras que los vientos del oeste, a menudo asociados a temporales de dicha procedencia, tienen una mayor incidencia en otras épocas. Por tanto, se aprecia la gran influencia de la orografía insular en el clima local.

Con una población de 906.854 habitantes (censo de 2010), se trata de una isla con una alta densidad poblacional. Más de 200.000 se concentran en la capital, Santa Cruz de Tenerife, mientras que otras 152.222 personas viven en La Laguna, segunda ciudad y municipio en importancia; otros núcleos relevantes son Tacoronte, La Orotava, Los Realejos e Icod, entre otros, en el norte, y Güímar, Granadilla de Abona y Adeje en el sur, sin olvidar los núcleos turísticos de Los Cristianos, Playa de Las Américas y Los Gigantes en la vertiente sur-suroeste, y Puerto de la Cruz en el lado norte. Todos los municipios, excepto tres (Tegueste, El Tanque y Vilaflor), poseen litoral, siendo La Orotava (207,31 km2) el más extenso de los 31 existentes en la isla, e incluye buena parte del Parque Nacional del Teide. Los municipios de Arico, Granadilla de Abona y Santa Cruz de Tenerife también son bastante grandes, con más de 150 km2 en cada caso.

Su economía actual está basada en gran medida en el turismo y en el sector servicios en general, ya que las actividades tradicionales (agricultura, ganadería, pesca y pequeñas industrias) han ido pasando paulatinamente a un segundo plano, pese a lo cual la agricultura de regadío, y sobre todo el plátano, sigue teniendo relevancia hoy en día. En cambio, la de secano, y en particular la de cereales, ha decaído mucho, quedando relegada a unas pocas zonas como Los Rodeos – La Laguna, Icod el Alto, Teno, etc., donde se dan condiciones apropiadas debido al régimen pluviométrico y la existencia de un terreno más o menos llano. Además, los viñedos han sido objeto de una especial promoción, ya que producen vinos de gran categoría, la mayor parte con denominación de origen. Aunque a menor escala, también tienen cierta relevancia los cultivos de frutales (cítricos, aguacates, etc.), así como la floricultura, desarrollada en áreas como Tejina-Valle de Guerra, que presenta un clima apropiado para ello. En la actualidad, el turismo sigue siendo el motor de la economía y una fuente muy importante de empleo, y su diversificación (turismo rural y de naturaleza, de sol y playa, de congresos, etc.) supone una realidad creciente pero también un reto de cara al futuro.

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